“Ella a veces sentía que algunos la cuestionaban, pero siempre fue muy digna y firme en su accionar”

Ciudad Sociedad
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Ramona “Chela” Valdez fue una referente fundamental en la búsqueda de detenidos desaparecidos en Uruguay, madre de Luján Alcides Sosa Valdez, quien fue desaparecido en Buenos Aires en abril de 1977. Durante casi cinco décadas, lideró el incansable reclamo de verdad, memoria y justicia desde su localidad, José Enrique Rodó. “En una población pequeña como lo es Rodó, ella a veces sentía que algunos la cuestionaban o no la entendían, pero siempre fue muy digna y firme en su accionar”, recordó Jaqueline Gurruchaga, durante una entrevista en el programa Efecto Dominó de Centenariotv, donde se habló sobre el legado que deja “Chela”, tras su fallecimiento la semana anterior.

“Chela” Valdez falleció el martes pasado, a la edad de 91 años y sin conocer el destino final de su hijo, Luján Alcides Sosa Valdez, desaparecido en Argentina cuando tenía 19 años y trabaja en una imprenta de la ciudad de Buenos Aires.

Cada 20 de mayo, la Marcha del Silencio en la localidad de José E. Rodó adquiere una connotación local muy emotiva, ya que el recorrido tradicional culmina históricamente frente a su domicilio. Era una de las pocas madres de detenidos desaparecidos que continuaba con vida en el país, manteniendo vivo el reclamo de verdad, memoria y justicia.

Jaqueline Gurruchaga, una sorianense que fue detenida y torturada durante la dictadura, habló en el programa Efecto Dominó de Centenariotv, sobre la lucha que lideró “Chela” y el mensaje que deja a las nuevas generaciones.

Tengo muchas cosas vividas juntas, desde un poco antes de salir de la dictadura, en 1983, cuando el colectivo Madres de Detenidos y Desaparecidos comenzó a reunirse formalmente”, recordó.

 Dijo que sobre el fin de la dictadura (1984), “ese grupo comenzó a difundir cada caso y “Chela” siempre y a pesar de ser del interior, del interior, (del interior del país y del interior de Soriano), fue muy activa, muy comprometida, estando en permanente contacto con las madres que se unían en Montevideo, pero que salían al interior”.

Estableció durante la entrevista, que a menudo “hablaba por teléfono con ella para saber qué pensaba, cómo iban las cosas, cómo se sentía, si había alguna novedad de Luján, su hijo  desaparecido en Argentina. A ella siempre le gustó saber, informarse y marchar con las otras madres en todas las actividades”.

Consultada sobre el fallecimiento de “Chela” sin poder conocer el destino final de su hijo, dijo que una doble sensación. Por un lado el “de impotencia y otra es reafirmar el compromiso de continuar la lucha por verdad, memoria y justicia, que no es únicamente por nuestros detenidos desparecidos, o los detenidos desaparecidos de toda América Latina, sino para construir una sociedad en la que nunca más un ser humano le haga a otro ser humano este delito tan atroz que es asesinarlo y desaparecerlo”.

Gurruchaga como “Chela” sintieron la incomprensión de muchos en su reclamo. “Fue muy duro, sobre todo los primeros años de democracia, porque había poco conocimiento por parte de algunas personas, negación por parte de muchísimas, y hasta cierto malestar e intolerancia ante la necesidad imperiosa que tenía ella como sus hermanos, familiares o amigos, de poder comunicar la gran injusticia que se estaba produciendo y se ha perpetuado durante todos estos años”.

“En una población pequeña como lo es Rodó, ella a veces sentía que algunos la cuestionaban o no la entendían, pero siempre fue muy digna y firme en su accionar”, destacó.

Recordó algunas anécdotas que “Chela” le contaba sobre esa mirada cuestionadora que recibía de algunos pobladores de Rodó. “Hay pequeñas anécdotas, de comentarios en la Parroquia donde ella iba hacer manualidades o en el día del libro, cuando ella elegía que leer, y algunos manifestaban que no era el tema más adecuado. Durante muchos años, sobre todos los primeros de la salida democrática hubo bastante incomprensión. Ahora, después de mucho trabajo y actividades hay una actitud un poco más abierta de conversar, que esto dañó a toda la sociedad, es imposible ser tan cruel con otro ser humano por solo pensar diferente”, subrayó.

La esperanza de llegar a la verdad

Gurruchaga abrigó la esperanza de que la verdad se pueda conocer y en ese sentido dio cuenta de algunas acciones que se llevan adelante. “Hay más de una línea de investigación, unas son más complejas que otras. La que sin dudas es la más certera tiene que ver con los archivos, porque los militares, toda orden y toda acción que hacían la registraban. Al detener una persona, asesinarla y luego resolver cuál era su destino final, todo eso implicó una serie de órdenes que están escritas y de actores que intervinieron, desde los que  interrogaban y asesinaban, hasta quienes los llevaban en camioneta, o los que los tiraron desde un avión. Las tumbas clandestinas o los NN en los cementerios. Registro desde las fuerzas armadas uruguayas o argentinas sabemos que hay”, señaló.

Otro medio para investigar, aunque es más complejo, tiene que ver con sobrevivientes de los distintos centros clandestinos de detención. Hay que insistir por ese lado, de testigos de la época, que en el caso de Lujan, sea alguien que haya visto a un uruguayo con las características de él. Después hay unos cuantos cuerpos NN en Argentina que están cruzando datos. Chela dejó muestras porque por la línea materna es por donde se confirma mejor la identidad en el caso de aparecer restos”.

“Recordar eso es muy importante para nuestra sociedad, para no repetir estos hechos y nunca más haya terrorismo de Estado”, destacó Gurruchaga durante la entrevista.

Chela Valdez, durante una de las Marchas del Silencio en Rodó. En el centro de la imagen portando la foto de su hijo desaparecido, Alcides Luján Sosa Valdez

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