Cuatro esquiladoras mujeres mostraron que el trabajo ya no es exclusivo de los hombres

Ciudad Sociedad
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En el marco del cuarto Encuentro Nacional de Esquiladores, que este fin de semana se desarrolló en la localidad de José Enrique Rodó, cuatro mujeres hicieron una demostración de esquila, marcando que ese trabajo, ligado tradicionalmente al hombre, ya no es un rubro exclusivo del género masculino, sino que las mujeres van ganando terreno en las comparsas de esquiladores. “Es una tarea sacrificada, pero tiene su recompensa”, dijo Milagros Rodríguez.

El domingo por la mañana, fecha en que se celebraba el Día Nacional del Esquilador (se recuerda por ley todos los segundos domingo de febrero), el Encuentro de Rodó se inició con una demostración de esquila a cargo de cuatro mujeres.

Milagros Rodríguez (Pueblo Zeballos – Paysandú), Sofía Barboza (Baltasar Brum – Artigas), Antonella Rodríguez (Pueblo Zeballos – Paysandú) y María Pedrozo (Cerro Chato – Florida, Durazno y Treinta y Tres), desplegaron arriba de una chata y seguidas atentamente por un numeroso público asistente al Encuentro Nacional de Esquiladores, a mostrar su virtudes de extraer la lana de las ovejas.

No tuvieron mayores complicaciones para sujetar a la oveja, inmovilizándola en el suelo, con la cabeza elevada y así asegurar comodidad al animal y al esquilador, para desarrollar la tarea.

Milagros Rodríguez (foto), una joven de 27 años de edad, proveniente de Pueblo Zeballos en Paysandú, fue quien abrió la demostración. Maneó sin problemas al animal, y luego con delicados trazos pasó la esquiladora eléctrica, sobre el cuerpo de la oveja. En pocos minutos, ya estaba esquilada.

La joven siempre ha estado en contacto con el campo y con los animales. Estudió en la escuela agraria y luego con su padre, quien tiene una máquina de esquila, aprendió el oficio.

Tuvo la oportunidad de trabajar en la ciudad, pero no se adaptó al medio y fue entonces cuando empezó a incursionar en la esquila. Comenzó cocinando para 22 personas, pasó por las mesas de acondicionamiento, tuvo que barrer, enfardar y, finalmente, esquilar. Sabe lo que es traer y sentar a la oveja. Realiza todas las tareas en una máquina, porque está convencida que su condición de mujer no es una limitante.

“La mujer también puede hacer cosas como éstas, que están más vinculadas al hombre, pero hay que proponérselo e intentarlo”, dijo a Centenario.  “Me gusta la tarea, es una buena changa, gracias a la esquila he logrado muchas cosas”, señaló orgullosa la esquiladora.

Milagros encontró en la esquila su espacio. “La esquila es un trabajo zafral pero seguro, porque lo tenés todos los años”, señaló. Dijo estar conforme con su tarea y piensa seguir en esto por el apoyo y el respeto que tiene, que según dijo “es importante, pero no siempre se da”.

En ese sentido reconoció que el ambiente de la esquila “está armado” para los hombres y las mujeres lo notan. “Me integré bien, hay mucho compañerismo en la maquina, nadie nos discriminó, al contrario, nos ayudan”, contó.

 De todas maneras “es un ambiente donde no están todas las comodidades para la mujer”, porque “está armado para los hombres. Hay lugares donde no hay un baño para nosotras, no podes bañarte tranquila, tenés que salir al campo libre y terminamos durmiendo en el mismo galpón de esquila. Es un trabajo sacrificado pero tiene su recompensa”.

Pero ese aspecto no es una limitante para hacer lo que le gusta.  “Nadie me obligó, no fue por necesidad tampoco. Lo puedo hacer porque no tengo hijos, ni nadie que me lo impida. Por eso me gustaría seguir”, finalizó.

María Pedrozo, de Cerro Chato, también aportó su experiencia en la esquila, diciendo que si bien entienden que “se trata de un trabajo para hombres, hoy en día la mujer también lo puede hacer. Hay hombres que se están retirando de la esquila y van quedando lugares que las mujeres los vamos tomando”, aseguró.

Esquiladoras. De izq., a der., Sofía Barboza, Antonella Rodríguez, María Pedrozo y Milagros Rodríguez, las cuatro mujeres esquiladoras.

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