Editorial: El caso Besozzi, los vicios del poder

Ciudad Política
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El ex Intendente del departamento de Soriano, Guillermo Besozzi, se encuentra en una encrucijada de su carrera política. Luego de casi un cuarto de siglo ejerciendo el poder y disponiendo de una forma particular de concebirlo, la justicia lo formalizó la semana pasada y la Fiscalía lo investiga en 16 causas por las que se le imputó siete delitos por presuntas irregularidades en el uso de fondos públicos.

En el libro “Politólogos, ¿para qué? Política y ciencia política en Uruguay”, de Adolfo Garcé y Cecilia Rocha, el ex Presidente de la República, Luis Alberto Lacalle Herrera,  llegó a decir que “el intendente tiene más poder que el presidente” y un “poder casi absoluto” en el departamento en el que encabeza la comuna. Y ese poder y su forma de concebirlo, es por lo cual está siendo investigado Besozzi.

Llegar al poder es todo un reto, pero mantenerse en él es un mérito reservado solo a unos pocos y Besozzi es uno de ellos. En las elecciones departamentales y municipales del 11 de mayo próximo, procurará acceder a su cuarto mandato al frente de la Intendencia y completar así 20 años dirigiendo el gobierno departamental de Soriano. Desde la salida democrática en 1985 al presente, nadie ha podido lograr esta continuidad.

La proximidad de este caso, con las elecciones de mayo ha ensuciado el tema porque se quiere relacionar la investigación a una instancia electoral, cuando en realidad, lo que está en cuestión no es “una embestida baguala” a Besozzi para sacarlo de la carrera electoral, como la dirigencia blanca pretende instalar en la sociedad. Lo que está en cuestión es la forma de ejercer el poder y cómo eso se relaciona con el ejercicio de la gestión pública.

Nadie quien conozca a Besozzi, desconoce su condición de buena persona, interesada por los problemas de la gente y las instituciones, de trato afable y de fácil acceso para los vecinos, además de un carisma particular que le ha permitido estar en la cresta de la ola durante casi un cuarto de siglo.

Pero esas virtudes, condición indispensable para lograr la aceptación de la sociedad en las contiendas electorales, se mezclan con otras que provienen de años ancestrales y que Besozzi ha adoptado como propias. Se trata del caudillismo, el amiguismo, el clientelismo, los favores.

Es ahí donde está la raíz de este asunto.  La investigación que recae sobre el ex Jefe Comunal tiene que ver sobre cómo se concibe la política con el ejercicio del poder y la forma de administrar los bienes públicos.

Instalar conspiraciones, es ingresar en un terreno sin pruebas y evitar la verdadera discusión que tiene el tema. No se trata incluso de un asunto exclusivamente  judicial, que sólo puede ser abordado por entendidos en la materia, es un caso de estricto interés público, que merece tener a una sociedad bien informada para discutir con conocimiento y causa el fondo de esta cuestión.

Por eso la independencia del sistema judicial es clave con el fin de evitar la impunidad y la extrema discrecionalidad de quienes tienen el mandato de gobernar. La reticencia a transparentar procesos de toma de decisiones, a veces puede ser una forma de ocultar los fundamentos que generan privilegios para algunos ciudadanos, mediante prácticas que se alejan de la igualdad de oportunidades que todo gobernante debería promover. Atacar a quien investiga y atribuirle intenciones político partidarias, solo porque no me gusta a quien se está indagando, no es de un buen republicano.

Con otros protagonistas y hechos diferentes, este caso tiene similitud con el del ex Alcalde de Florencio Sánchez, Alfredo Sánchez, porque en su concepción lo que está en juego es la mirada sobre el ejercicio del poder en la administración pública.

La Justicia se encargará de decidir si Besozzi cometió algún delito en las 16 causas por las que se lo investiga, pero somos todos nosotros, los que tenemos que laudar qué forma de gestionar el poder queremos. Seguir con las antiguas prácticas de las gauchadas, los amiguismos, el clientelismo y los favores, o avanzar hacia un ejercicio más transparente de la gestión pública, donde los criterios técnicos para manejar los dineros de todos estén establecidos y sean claros, donde la igualdad de oportunidades, para acceder a un trabajo, ganar una licitación, o contratar un servicio o maquinaria con la Intendencia, no dependa únicamente de la cercanía, la amistad o vínculo político que tengamos con el Intendente de turno. Esa es la discusión de fondo que el caso Besozzi nos propone, tomarla o dejarla, depende de cada uno de nosotros.

Los valores no se manifiestan, sino que se proponen, se argumentan, se enseñan, se atestiguan, no apelando únicamente (como con demasiada facilidad estamos asistiendo hoy, a los instintos, a las emociones), para juzgar la realidad política, para aceptarla, para mejorarla y si es necesario, para rechazarla o transformarla.

La democracia como forma de gobierno es consecuencia de muy largos procesos. Podemos esperar otros siglos más o ponernos de acuerdo para cambiar nosotros mismos y así influir positivamente en la comunidad, porque al fin y al cabo, el poder reside en el pueblo.

Editorial Periódico Centenario, viernes 21 de marzo 2025

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