Hogue en Cardona: La caricatura política “tiene que tener atrevimiento, ser audaz y no puede ser condescendiente”

Ciudad Cultura
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Horacio Guerriero, más conocido por su seudónimo Hogue, participó el viernes pasado del programa “Las artes están de fiesta”, una iniciativa de la Dirección de Cultura y del Sistema de Bibliotecas de la Intendencia de Soriano, que se presentó en Cardona, donde el dibujante y caricaturista uruguayo habló sobre la ilustración hecha en el libro “Señor Cuervo”, que escribió Margarita Muñiz y fue premio nacional de letras. La presentación fue ante un público compuesto por estudiantes, docentes y vecinos interesados en escucharlo. Previo a esa disertación, recordó que había estado en Cardona, cuando niño, acompañando a su padre a un festival de tango. Antes de esa disertación, Centenario habló con él sobre la caricatura política, donde Hogue dejó un extenso legado, tras sus pasajes por El Día, El Observador, Guambia, El Dedo, Código País, entre otros medios. La caricatura política tiene que tener atrevimiento, ser audaz y no puede ser condescendiente, señaló.

La caricatura política forma parte de su ser, ¿cómo está hoy ese oficio?

-Yo ya no estoy trabajando en los medios como caricaturista, ese tiempo ya pasó, trabajé muchos años, desde las inolvidables Guambia y El Dedo, sigo publicando en mis redes sociales, porque es inevitable hacerlo, porque creo nos están dando material  bárbaro los políticos. Hace muchos años que trabajo en ello, me divierte hacerlo y creo que los políticos hacen el gran esfuerzo para divertirnos más, en esas condiciones estoy trabajando distendido. Lo hago cuando quiero no cuando un medio me lo requiere.

¿Y surgen nuevas camadas de esta expresión?

-Creo que el caso más interesante es Junior en Búsqueda, es una persona que está comenzando y va a dar que hablar con el tiempo. Ya hace unos años que está pero va a crecer mucho porque es una persona inteligente, le da una muy buena mirada al hecho político, muy personal, y eso es lo que contribuye al crecimiento de cualquier profesional.

¿Y qué es lo que tiene que tener la caricatura política?

-Tiene que tener atrevimiento, tiene que ser audaz, no puede ser condescendiente  más, si lo fuera no cumpliría con el rol de caricatura. Tiene que ser transgresora, crítica, tiene que generar en las personas la identificación en el sentido positivo o negativo lo que el caricaturista está representando. Así está dividido el país, en dos mitades, funciona de esa manera. El humor está por encima de la categorización política o deportiva.

Sus trabajos siempre fueron transgresores, ¿cuando algún político se enojó por ellos, esa molestia se subsanó posteriormente?

-No tuve nunca un inconveniente directo. Porque cuando alguien se sentía molesto, estoy hablando de la época que pasé por El Día y El Observador, no acudían conmigo, hablaban con el periodista de la nota. Y eso es por el tipo de dialogo que puede plantearle un político que está molesto a un caricaturista que está haciendo su trabajo y planteando el humor como válvula de escape. ¿Cuál podría ser el diálogo? Yo creo que sería una charla inconducente. Además es un valor que el político manifieste claramente el humor, que sea partidario de él, sino de qué estamos hablando.

Y cómo se ha movido el sistema político en ese sentido. Es hoy más condescendiente a la crítica que llega desde la caricatura política?

-Hay personas que les afecta más y a otras menos. Pero eso les pasa a todos los seres humanos, la sensibilidad es algo que no se compra, existe. Hay gente que no tiene humor, entonces jamás va a poder interpretar lo que el otro está haciendo. Entonces no creo que vaya por épocas, en todo tiempo hubo gente más sensible al resultado del trabajo. En general mi experiencia del trabajo con los políticos, es que siempre existió un buen nivel de cultura y humor.

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