Cardona 2049: Una ciudad de aprendizajes compartidos en un diálogo espacio-temporal

En clave de integraciòn
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Pensar la educación para Cardona en las próximas décadas nos invita a abandonar las certezas y abrirnos a la riqueza del devenir, en un paradigma de la complejidad. Es necesario superar el antropocentrismo para concebir un espacio temporal y vital, donde el aprendizaje sea un acto de encuentro y transformación. En este sentido, educar-se no es una acumulación de información, sino un continuo diálogo, una oportunidad para habitar el territorio con nuevas miradas y desde diversas versiones de nosotros mismos. La racionalidad de las certezas ya no existe, el conocimiento es una construcción constante,que, en su devenir, nos propone desafiar los supuestos del siglo XX, descentrar la mirada de lo binario para acoger lo múltiple, de modo que cada sujeto esté presente en la producción de sentidos y sea capaz de asumir las tensiones que ello conlleva. Solo así se estará presente como cuerpos en devenir.

Este enfoque implica abandonar las narrativas homogéneas y los discursos hegemónicos que pretenden encapsular el saber en modelos universales. En cambio, da lugar a espacios donde las singularidades vivientes puedan encontrarse y dialogar, reconociendo que cada perspectiva enriquece el paisaje del conocimiento.

Imaginemos el evento educativo como un acto de conversación y desde allí una invitación a dejar de ver el conocimiento como un objeto distante o fijo, para reconocerlo como algo que cobra sentido en relación con quienes lo exploran. Para entablar la relación el conversar es el hilo que teje la trama, un conversar que no es solo intercambiar palabras; es una manera de desear y crear, de articular mundos posibles.

La educación en Cardona podría configurarse construyendo significados que nutran tanto a quienes enseñan como a quienes aprenden, en busca de reconocer su identidad y así pensar el territorio de Cardona no solo como un espacio geográfico, sino como una cartografía viva, explorar sus potencialidades en constante transformación. Este territorio cambiante debe ser habitado desde nuestras singularidades, con la sensibilidad para construir un lenguaje que no solo explique el mundo mediante símbolos, sino que le otorgue textura y profundidad, desde esos saberes que circulan en la localía de las voces de cada cardonense.

Proponerlo como un ejercicio de afectación es dejar que las historias, las formas y las presencias que encontramos en el camino modifiquen nuestra forma de pensar y habitar. En esta dinámica, la educación se transforma en un relato representativo, dinámico y plural, a la vez que explora la producción de sentidos en una aldea global, sin perder la territorialidad.

En el Cardona del futuro, los saberes no deben ser jaulas que nos capturen en discursos cerrados, sino horizontes que se desplieguen en la multiplicidad. Producir sentido no es un acto solitario ni exclusivo: requiere de la participación genuina de todos y dar lugar a otras formas de conocer.Esto significa abrir la educación a nuevas metodologías y perspectivas que valoren la diversidad y celebren lo singular. La naturaleza, los oficios, las tecnologías emergentes y las artes han de confluir en espacios de aprendizaje compartido, donde lo vivo se reconozca como parte fundamental del conocimiento. Habilitar estas formas de saber implica también una pedagogía que emerja de la producción intelectual de los docentes, como profesionales, para adoptar relaciones horizontales, donde todas las voces puedan conversar desde el desear.

En este proceso de conversación, afectación y construcción colectiva, Cardona podría convertirse en un laboratorio vivo con espacios en movimiento, constantemente reconfigurados por quienes los habitan.

El reto de imaginar la educación para las próximas décadas radica en crear un ecosistema educativo, que a la vez de ayudar a develar el mundo, lo explica, habita y lo transforma. Un espacio donde las palabras no sean expresión gramatical, sino que se conviertan en la texturizacióndel territorio que la produce, una ventana para que los objetos de conocimiento sean dotados de juicios vivos y los saberes se construyan desde la afectación mutua. Solo así podremos generar paisajes verdaderamente dinámicos, donde cada persona encuentre su lugar para aprender, enseñar y ser parte de un ecosistema en constante devenir. Este desafío, a modo de deseo, conlleva a tener presente que los roles de cada actor de la comunidad y espacios educativos tendrán que ser diferentes, aunque no es posible aventurar escenarios estáticos, ya que “la praxis es posible a través de la reflexión y la acción (dimensiones fundantes de la palabra) que inciden sobre las estructuras que deben transformarse” (Freire, 2002).

Construir un futuro donde la educación sea un puente hacia la diversidad, un campo de exploración inagotable y un territorio de encuentros para contemplar la oportunidad de un relato particular, que se integre a los nodos territoriales que nos constituyen como uruguayos y con ello pensar, sentir y habitar un territorio cambiante que busca en el conocimiento la “poiesis” de su existencia.

Autora: Roxana Meléndrez: Magister, maestra. Inspectora de Zona de educación común, de la Inspección Colonia. Profesora en el instituto de formación docente de Rosario. Formadora de maestros para escuelas de tiempo completo en PAEPU. Coordinadora del curso Desarrollo Profesional docente en PAEPU. Doctorada en Educación en la UNR de Rosario, Argentina

Texto de foto: Estudiantes de secundaria en el hall de entrada al Liceo “Justo Pedro Rodríguez” de la ciudad de Cardona

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