Desidia y negligencia

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Habría que pensar dónde comienza uno, Don Capurro: Si la concentración de la propiedad o riqueza no frena el desarrollo más que cualquier otra condicionante y, por supuesto, considerar la desigualdad de ingresos en sus facetas más insolidarias y, por lo tanto, injustas.

GÉNESIS.Y los herreristas dijeron: “Hágase la LUC y la LUC se hizo”. La ven necesaria para poder implementar el Presupuesto con recortes en salarios, educación, vivienda, salud… Todo en beneficio de los malla oro. Será más injusta la injusticia y menos desarrollado un Uruguay que cultivará pobreza, ignorancia y marginación.

Los propósitos de las clases dominantes no son nuevos:“Transformar el trabajo en trabajo asalariado y los medios de producción en capital” (Marx, El Capital1, último Cap. 52, inconcluso, ‘Las clases’).

TESIS.Para instalar una nueva normalidad las derechas se unen. Dicen que “Lo que no une el amor lo junta el espanto.” Y así se juntaron blancos, colorados, cabildantes, independientes… también renegados y arrepentidos: todos contra los frenteamplistas y no por los fracasos y errores que, sin duda, los hubo en 15 años de gobierno. ¿No se habrán unido por el espanto que les produjeron los aciertos del progresismo en aspectos económicos y jurídicos? Bueno, hay una correntada mundial con lógicos matices locales. El enfrentamiento de dos grandes bloques ideológicos, en una guerra cultural de proporciones apocalípticas y proyección dantesca, es quizá la contradicción fundamental de nuestra época.

Contra las izquierdas, las derechas se unen en campañas de “acoso y derribo”. Con las cámaras empresariales, los grandes medios de comunicación, sectores de las iglesias, fuerzas de seguridad y fuerzas armadas pueden encolumnarse también las capas medias y los estratos bajos, desclasados. Es parte de la batalla cultural ganar amplios sectores incluso para ir en contra de sus propios intereses.

Es parte de la batalla cultural impedir el analizar todo “según nos vaya en la feria”. Hay asuntos públicos, tienen relación con el bienestar general: trabajo, educación, salud, vivienda… Hay servicios esenciales: agua, luz, comunicaciones… El interés general no siempre está alineado con los personales. Nadie quiere pagar impuestos pero ¿cómo aseguramos el acceso universal a los bienes y servicios básicos? En el mundo hay grandes empresas que lucran con los derechos de las personas.

ANTÍTESIS. ¿Qué fabrica una sociedad eficiente? ¿Felicidad? ¿Acaso el consumo y la felicidad son sinónimos?

Lejos de la idea de cuidar a los malla oro, para el actual mandatario argentino “primero los últimos”. Pero esa sencilla afirmación, netamente de izquierda, es precisamente el centro de una batalla cultural.

Por otra parte no está bueno dividir el país por la mitad, aunque no se puede ocultar que hay conflictos de intereses. Se trata entonces de ganar amplios sectores de la población para legitimar los cambios que sean necesarios para la extensión de la justicia y la felicidad. Eso también es parte de la ‘batalla’ claro.

Digan lo que digan, no les preocupa el costo. Las derechas no se preocupan por los déficits presupuestarios cuando imponen recortes de impuestos para las corporaciones y los ricos.Es permanente el reclamo de sacarle cargas al capital para ‘atraer inversores y generar trabajo’.Las derechas son duras críticas del déficit para bloquear el gasto social.Las ‘ayudas’. Y no preocupa si la ayuda fracase.Preocupa que tenga éxito y se demuestre que más gasto público puede ser bueno.A esta altura más que batalla parece una ‘guerra cultural’. Una guerra en varios frentes, con múltiples y duras batallas.

Por cierto “el problema central radica en comprender cuáles son los procesos políticos y económicos que han permitido disminuir la pobreza, y cuáles contribuyen a que esta aumente.” (Grupo Jueves)

En estas confrontaciones hay que tener claro que “Ser oposición implica ser parte fundamental de la conciencia de la sociedad y también implica fiscalizar, demandar y exigir la confrontación democrática necesaria para alcanzar estos objetivos”2

SÍNTESIS.Para avanzar se hace necesario incorporar a los ‘piojos resucitados’ como categoría de análisis sociológico.A las clases medias aspiracionales, cooptadas por el mercado para el emprendedurismo y la competitividad nada empática con el prójimo. En lo cultural, ellas son primas hermanas de quienes sostienen que ‘la vergüenza no llena la panza’. Lejos de la pobreza digna del proletario consciente, hay estamentos de marginación que comparten con algunos sectores medios, filosofías que se resumen en máximas: “A mí que no me ‘dean’, que me pongan donde ‘haiga’ nomás”… “Si es de arriba… lo mismo un rayo”.

Para el New York Times“Cuando la pandemia de coronavirus llegó —en medio del quinto año del auge mundial del populismo de derecha— había, en general, dos resultados previsibles. Los votantes culparían a los políticos e instituciones de la clase dominante —de quienes ya desconfiaban— eligiendo a más populistas recién llegados que canalizan la indignación popular y prometen un cambio radical. O, escarmentados y serenos, los votantes volverían al centrismo tecnocrático contra el que se han rebelado en los últimos años.”O quizá sea cierto que ‘a los votantes les puede gustar más elegir derechas que ser gobernados por ellas.’

Lo concreto es que las derechas instalaron como sentido común la lucha por el prestigio y el destaque personal, el poder como posesión y violencia, y el consumo como referencia fundamental. Del otro lado de la ecuación está lo común, lo colectivo, la cooperación, el poder ser como posibilidad liberadora, los derechos… Todos los derechos más allá de la propiedad privada. Estas batallas culturales tienen en las comunicaciones armas fundamentales. Hay que tener una estrategia comunicacional, claridad, contundencia para instalar un relato propio. construir las herramientas, los canales y los métodos adecuados. Porque hay también un tema de ‘lenguajes’.

1 Publicado en 1867.

2 Carlos Mesa, candidato derrotado a la presidencia de Bolivia.

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