La llama está viva

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La sesión del lunes pasado del Concejo Municipal de Cardona, tuvo una característica que merece especial atención, no sólo por el contenido de las ideas presentadas, sino y fundamentalmente, por la disposición de sus protagonistas.

Entre muchos de los efectos que la pandemia del coronavirus está causando, hay uno que tiene poca o nula visibilidad. El aislamiento, la reclusión personal y el llamado a permanecer en la “burbuja familiar” tienen como objetivo reducir al mínimo la interacción social y así evitar que crezcan los contagios de Covid-19. Pero ese loable objetivo, tiene una contrapartida cuyos efectos muchas veces no son visibilizados como un problema. Los casi nulos o inexistentes espacios de socialización, donde los temas comunitarios sean el centro de atención, han desaparecido.

Las disposiciones que prohíben aquellas reuniones donde se pueden concentrar varias personas, han impactado directamente en la participación ciudadana en los asuntos públicos. La seguridad individual, ha dejado de lado lo comunitario y aquellos temas que hacen a una vida en sociedad pasaron a un segundo plano.

Esa “reclusión” en la que hemos ingresado para reducir la movilidad, no tiene, al menos hasta ahora, la contrapartida de la tecnología para atenuar su impacto, como sí está sucediendo en otros ámbitos, por ejemplo en la enseñanza,  donde ese aspecto ha sido clave para continuar con los procesos educativos.

A nivel local, las nuevas herramientas tecnológicas, no se han puesto en práctica por parte de nuestras autoridades para recoger por ejemplo, la opinión de los vecinos y saber que necesita cada barrio de la ciudad y de esa manera poder incluir los planteos en el Plan Quinquenal de Obras de la Intendencia de Soriano, o ante cualquier otro organismo nacional o internacional que permita viabilizar las ideas vecinales.

Crear espacios mediante la tecnología, para que la participación ciudadana en los asuntos de interés público de la localidad, no se pierda, o quede recluida a una llamada telefónica al Alcalde o cualquier otra autoridad, parece a la vista de los ejemplos tratados esta semana en el Concejo Municipal, una necesidad de urgente consideración, para utilizar un concepto en boga por estos días.

La idea de los adolescentes de Mevir Cardona, planteando al Concejo su interés en colaborar para la creación de espacios públicos en su barrio, estando dispuestos a cuidar los lugares que se creen, como la iniciativa de los vecinos en el ingreso a la ciudad por Ruta 2 y calle Artigas, proponiendo recuperar un espacio hoy inutilizado, son dos demostraciones de una comunidad, que más allá de la pandemia y sus consecuencias, está interesada en contribuir al desarrollo de la ciudad, mejorando el entorno donde viven.

Nunca fue fácil y menos en estos tiempos, tener voluntades dispuestas a tender una mano, alentar iniciativas, plantear propuestas y proponer ideas. En pocas palabras, hacer de la participación ciudadana una herramienta para el crecimiento de la comunidad.

El Concejo Municipal de Cardona decidió hace unos meses atrás, no salir a los barrios a raíz de la escalada de casos de Covid-19 en la ciudad y el departamento, dejando renga de esa manera la participación de los vecinos en los temas que hacen a la vida comunitaria.

Sin llamado de ningún tipo y con el sólo interés de aportar hacia el desarrollo de la ciudad, adolescentes y vecinos por cuenta propia están planteando a nuestras autoridades propuestas para mejorar la localidad y disposición a dar cumplimiento a las mismas. Merecen al menos una convocatoria al diálogo, de la forma que sea, para devolverle la receptividad a los planteos y sobre todo instarlos a seguir por esa senda.

De esa manera seremos capaces de ganarle a uno de los principales males de este tiempo, que no es precisamente el coronavirus, sino el individualismo, que nos está dejando ciegos de la participación colectiva que hace a la vida de una comunidad.

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